¡Hola! Bienvenidos a este espacio de reflexión. Hoy queremos sumergirnos en un tema fundamental para nuestra vida de fe, basado en la serie de estudios de la carta a los Gálatas. Específicamente, nos enfocaremos en un mensaje profundo cuyo título lo resume todo: Un Evangelio, un Pueblo, una Misión. Este no es simplemente un título llamativo, sino la esencia misma de lo que significa ser parte de la Iglesia. Para explorar esta poderosa realidad, nuestro pasaje guía será Gálatas 2:1-10.
A lo largo de este artículo, vamos a desglosar una idea principal que transformará la manera en que entendemos nuestra fe: el único y verdadero evangelio de la gracia de Dios en Jesucristo es el que determina quién pertenece al pueblo de Dios, salvaguarda la libertad cristiana y constituye a la Iglesia en una sola misión. Te invito a que leamos juntos con atención, recordando que allí donde este evangelio es fielmente preservado, la Iglesia vive en libertad, permanece en unidad y camina con fidelidad en su vocación en medio del mundo.
El Texto Bíblico: Gálatas 2:1-10
Para iniciar, leamos juntos las palabras del apóstol en el pasaje de Gálatas 2:1-10. El texto bíblico, en la versión Reina Valera 1960, nos dice lo siguiente:
“Después, pasados catorce años, subí otra vez a Jerusalén con Bernabé, llevando también conmigo a Tito. Pero subí según una revelación, y para no correr o haber corrido en vano, expuse en privado a los que tenían cierta reputación el evangelio que predico entre los gentiles. Mas ni aun Tito, que estaba conmigo, con todo y ser griego, fue obligado a circuncidarse; y esto a pesar de los falsos hermanos introducidos a escondidas, que entraban para espiar nuestra libertad que tenemos en Cristo Jesús, para reducirnos a esclavitud, a los cuales ni por un momento accedimos a someternos, para que la verdad del evangelio permaneciese con vosotros. Pero de los que tenían reputación de ser algo (lo que hayan sido en otro tiempo nada me importa; Dios no hace acepción de personas), a mí, pues, los de reputación nada nuevo me comunicaron. Antes por el contrario, como vieron que me había sido encomendado el evangelio de la incircuncisión, como a Pedro el de la circuncisión (pues el que actuó en Pedro para el apostolado de la circuncisión, actuó también en mí para con los gentiles), y reconociendo la gracia que me había sido dada, Jacobo, Cefas y Juan, que eran considerados como columnas, nos dieron a mí y a Bernabé la diestra en señal de compañerismo, para que nosotros fuésemos a los gentiles, y ellos a la circuncisión. Solamente nos pidieron que nos acordásemos de los pobres; lo cual también procuré con diligencia hacer.” (Gálatas 2:1-10 RV1960).
El Origen Divino: El Evangelio Viene de Dios
El primer punto fundamental que debemos comprender de este pasaje es que el evangelio viene de Dios, no de la autoridad humana. Cuando leemos los versículos 1 y 2 de nuestro texto, nos damos cuenta de que el mensaje que transforma vidas no es un invento de hombres ni depende de la aprobación de estructuras terrenales. Es un mensaje de origen puramente divino. El evangelio viene de Dios, y por lo tanto, no viene de la autoridad humana. Esta distinción es vital para entender nuestra fe. Si el evangelio dependiera de la autoridad humana, estaría sujeto a cambios, caprichos y divisiones. Pero al venir directamente de Dios, se mantiene firme como el único y verdadero evangelio de la gracia de Dios en Jesucristo.
Para el apóstol Pablo, esta realidad divina tenía implicaciones prácticas y visibles en la comunidad. Para Pablo, la unidad de la única familia de Cristo formada por personas de todas las divisiones humanas era una evidencia viva de que Dios había inaugurado la nueva creación. Pensemos en esto por un momento. La iglesia primitiva estaba reuniendo a personas que, humanamente, estaban divididas. Sin embargo, para Pablo, la unidad de la única familia de Cristo era una evidencia viva de que Dios había inaugurado la nueva creación y que Jesús es el Señor. ¡Qué declaración tan poderosa! Cuando personas de todas las divisiones humanas forman la única familia de Cristo, están demostrando al mundo que la nueva creación es una realidad y que Jesús es verdaderamente el Señor.
Esta es la razón por la cual el apóstol fue tan celoso al exponer su mensaje. Por eso, en Gálatas 2:2, lo que está en juego es la unidad misma del pueblo de Dios. No se trataba simplemente de una reunión administrativa o de un debate teológico menor. En Gálatas 2:2, lo que verdaderamente está en juego es la unidad misma del pueblo de Dios. Si el evangelio hubiera sido alterado por la autoridad humana, la unidad de la familia de Cristo se habría fracturado, y la evidencia viva de que Jesús es el Señor se habría oscurecido. El hecho de que el evangelio viene de Dios y no de la autoridad humana es la garantía de que podemos ser un solo pueblo en Cristo.
La Identidad del Pueblo: Definidos por la Gracia
Avanzando en nuestro pasaje, llegamos a un segundo punto crucial: el Evangelio de la gracia define al pueblo de Dios, no los distintivos particulares de cada iglesia (2:3-5). En un mundo que constantemente busca etiquetarnos y separarnos por nuestras diferencias, el mensaje de Gálatas nos recuerda qué es lo que realmente nos identifica. Es el Evangelio de la gracia lo que define al pueblo de Dios. No son las tradiciones, no son las costumbres, y ciertamente no son los distintivos particulares de cada iglesia los que nos hacen parte del cuerpo de Cristo; es única y exclusivamente el Evangelio de la gracia.
La verdad del evangelio exige algo innegociable. La verdad del evangelio exige que la justificación y la plena pertenencia al pueblo de Dios no dependan de la observancia de la Ley. Es muy fácil caer en la trampa de pensar que debemos “hacer” ciertas cosas para ganarnos el favor de Dios o para ser plenamente aceptados en la comunidad de fe. Sin embargo, el texto es claro: la justificación y la plena pertenencia al pueblo de Dios no dependen de la observancia de la Ley, sino únicamente de la gracia de Dios en Cristo. Nuestra aceptación delante del Creador no se basa en nuestro propio esfuerzo o en nuestra capacidad para cumplir reglas, sino únicamente de la gracia de Dios en Cristo.
Por ello, la postura de la Iglesia debe ser firme y valiente. Por ello, no puede permitirse ninguna imposición legalista que comprometa la libertad del evangelio. El apóstol relata en los versículos 3 al 5 cómo se resistieron a aquellos que querían espiar su libertad y reducirlos a esclavitud. No accedieron a someterse ni por un momento, porque no puede permitirse ninguna imposición legalista que comprometa la libertad del evangelio. Permitir el legalismo es oscurecer la obra de Jesús. Es por eso que el único y verdadero evangelio de la gracia de Dios en Jesucristo es el que salvaguarda la libertad cristiana. Cuando rechazamos las imposiciones legalistas, estamos protegiendo esa hermosa libertad que Cristo nos ganó en la cruz.
El Fruto del Evangelio: Libertad, Unidad y Fidelidad
Cuando comprendemos estas profundas realidades que nos enseña el libro de Gálatas, comenzamos a ver los frutos maravillosos en la vida comunitaria. Recordemos la idea principal: es el único y verdadero evangelio de la gracia de Dios en Jesucristo el que constituye a la Iglesia en una sola misión. No tenemos agendas separadas ni propósitos divididos. Al ser un solo pueblo, tenemos una sola misión.
El impacto de mantenernos fieles a este mensaje es transformador. Allí donde este evangelio es fielmente preservado, la Iglesia vive en libertad. La verdadera libertad no es hacer lo que queramos, sino vivir bajo la gracia de Dios, sin el peso del legalismo y la observancia de la Ley como medio de justificación. Además, allí donde este evangelio es fielmente preservado, la Iglesia permanece en unidad. Esta es la misma unidad de la única familia de Cristo, formada por personas de todas las divisiones humanas, que demuestra que la nueva creación ha sido inaugurada. Finalmente, allí donde este evangelio es fielmente preservado, la Iglesia camina con fidelidad en su vocación en medio del mundo. Nuestra vocación no es otra que ser testigos de que Jesús es el Señor y vivir como un solo pueblo con una sola misión.
Conclusiones para Nuestra Vida Hoy
Al llegar a las conclusiones de este estudio en Gálatas 2:1-10, debemos llevarnos estas verdades grabadas en el corazón. Este pasaje enseña que la Iglesia se mantiene unida y fiel cuando preserva la verdad del evangelio. No hay atajos para la unidad ni para la fidelidad. La única manera en que la Iglesia se mantiene unida y fiel es cuando preserva intencionalmente la verdad del evangelio.
Y ¿cuál es esa verdad que debemos preservar a toda costa? Es la maravillosa noticia de que en Cristo, judíos y gentiles son aceptados por igual. Ya no hay barreras, ya no hay divisiones que puedan separarnos de la gracia de Dios. Esta aceptación igualitaria se da sin las cargas de la Ley. No necesitamos llevar sobre nuestros hombros un peso que Cristo ya llevó por nosotros. Somos aceptados por igual, sin las cargas de la Ley, y llamados a vivir en la libertad que proviene de su gracia.
El llamado para nosotros hoy es claro y esperanzador. Somos un solo pueblo, con un solo evangelio y una sola misión. Hemos sido llamados a vivir en la libertad que proviene de su gracia. No permitamos que ninguna autoridad humana ni ninguna imposición legalista nos robe la libertad y la unidad que el evangelio de la gracia ha definido para nosotros. Sigamos caminando con fidelidad en nuestra vocación en medio del mundo, siendo la evidencia viva de que Dios ha inaugurado la nueva creación y que Jesús es el Señor.
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